jueves 9 de julio de 2009

da igual

Como últimamente (eufemismo de hace tanto tiempo que no recuerdo cuando las cosas eran distintas) no me sale nada bien, he decidido intentar tomarme la vida con filosofía. No lo consigo, pero lo intento.
Estoy un poco harta de vivir bajo presión. De que todo lo que hago esté, como mínimo, mal. De poner todo mi empeño y fracasar. De afanarme en los demás y recibir críticas, quejas, acusaciones y ni un solo abrazo. Estoy cansada de ser la única que conoce el significado de “refuerzo positivo”.
Así que me intento convencer de que nada importa tanto. Y si me importa, me lo meto por el culo.
Faltan dos semanas para la boda de hermanachica. No tengo zapatos, el vestido no está terminado, no sé qué hacerme en el pelo y el sujetador que me había comprado no vale.
Pero da igual.
Tengo un esguince o algo semejante en cada tobillo. Los dedos de los pies llenos de heridas, ampollas, rozaduras, llagas, y demás cosas dolorosas. Los talones y las plantas completamente quemados. Todos los zapatos que tengo son una tortura, andar es un horror, vivo constantemente como si caminara sobre brasas, espinas y cuchillas. Todo a la vez.
Pero da iguaaaaaal.
Me saqué el hombro derecho el otro día por enésima vez. Me hice una microrrotura de fibras en el brazo por cargar demasiado peso. Me duele tanto el cuello que he pensado terapias alternativas como ahorcarme sólo un poco o darme un hachazo a la altura de las cervicales.
Pero daaaaaa iguaaaaaaal.
Mis padres no me apoyan cuando más les necesito una vez más en la vida. Mis hermanas andan distantes conmigo porque la cagué un poco en el fin de semana fatídico en la playa. Nadie parece plantearse como lo pasé yo, por cierto. El loco cada vez está más lejos, más silencioso y menos comunicativo conmigo. Cada vez parece que prefiere más hacer las cosas sin mí. Yo me siento sola, perdida, sin rumbo, sin nadie que me diga que me quiere y que me apoya aunque no lo haga todo siempre bien. Alguien que me diga “no me importa que te equivoques, no tienes que ser perfecta”. Necesito un abrazo. Y nadie me lo da.
Peeeeeeeero… da iguaaaaaaaaaal.

Todo da igual. Y si no lo da, haremos que sí, como toda la vida. Y lo demás, se puede ir a la mierda. Hombre yaaaaaaaaaa!!!!!

sábado 4 de julio de 2009

inconvenientes del verano

Siempre he dicho que me gusta más el verano que el invierno. Al menos desde que empecé a ser adolescente. De pequeña me gustaba casi más la rutina de invierno que el aburrimiento y los problemas que traía consigo el verano.
Ahora me gusta mucho la temporada estival, por los vestiditos fresquitos, las vacaciones, los viajes, los días largos, el buen humor que da el sol y todo eso… pero reconozco los inconvenientes.

Número 1: los insectos varios.
Tener la ventana abierta atrae a toda clase de dípteros, avnis (animales voladores no identificados), vampiros diminutos y para colmo, cigarras. La otra noche estábamos el loco y yo charlando en el salón cuando se empezó a escuchar un cricricri tímido. Mira qué bien, el lejano canto de un grillo para amenizar la noche veraniega, me dije. Pero el cricri se hacía más fuerte y los nervios del loco no son comprensivos con los románticos cantos de los grillos a la luna. Así que levanté los ojos y lo ví. No era un grillo, era una cigarra de tamaño mediano, verde como una lechuga y frotando sus patitas tan contenta sobre el mueble de mi salón.
Por el bote que dio el loco, recordé inmediatamente que los saltamontes y semejantes le dan miedo. Así que temí por la vida de ambos, de la pobre cigarrita y la del loco, que casi se tira por la ventana. Decidí mediar y poner paz entre ambos cazando yo a la cigarra y echándola fuera. La perseguí un tiempo trepando por los muebles hasta que la cogí, la dejé que me anduviese un poco por la mano y luego se fue por la ventana.
Con los mosquitos y voladores en general hay más problemas. El loco los persigue dando palmadas al aire o dando golpes con un trapo hasta que los defenestra. Y le dejo, porque es cierto que siempre le pican a él. Lo malo es que suele tirar cosas, romper algo y suelo llevarme yo alguna leche con el trapo de propina.

Número 2: el alejamiento.
El calor me hace poco receptiva al amor. Eso puede explicar que casi todas mis parejas las haya encontrado en invierno. No me gustan los abrazos y achuchones varios cuando la temperatura es alta. Me vuelvo rancia, egoísta de sofá y no quiero que nadie se me acerque. Todo me sobra. Y antes no pasaba tanto, pero ahora que convivo en pareja, trae problemas sobre todo para dormir. En invierno me gusta que si el loco se acuesta antes se duerma en mi lado y lo caliente. Ahora me jode llegar a la cama y verle frito en mi sitio. El otro día para colmo se había abrazado a mi camiseta de dormir y estaba empapada en sudor, como la almohada y mi parte de sábana. Eso sin añadir que no se le ocurra abrazarme y darme calor ni acercar sus pies calientes a los míos que están fresquitos.

Número 3: el desayuno.
Como soy alérgica a la lactosa, no puedo desayunar colacao fresquito, que es lo que en realidad me apetece. Los zumos en ayunas me sientan fatal y la leche de soja no me gusta nada. Así que desayuno infusiones. En invierno mola. En verano tengo las mismas ganas de beberme una taza de agua hirviendo que de echármela por encima.

Número 4: ganas de raparme a lo teniente O’Neill.
Llevo el pelo muy largo. Y me gusta. Me hace sentir segura. Me encanta pasarme la mano por los riñones y poder tocarme las puntas. Me gusta peinarme y hacer guás-guás con el pelo de un lado para otro como las pijas. Me gusta hacerme coletas, moños, o llevarlo suelto. Me gusta ser rubia, tener el pelo liso y largo, qué pasa.
Pues que en verano es la sensación de llevar una manta zamorana en las espaldas constantemente y me suda el cuello. Suelo tenerlo recogido, lo cual es un poco engorroso y poco estético.
Hay días de mucho bochorno en los que me dan ganas de esquilarme como una oveja.

Número 5: problemas alimenticios.
Es cierto que no soy buena comedora nunca. Que no soy de las que disfruta comiendo, que no me apetece nunca sentarme a la mesa y meterme entre pecho y espalda un cordero o un cochinillo o un besugo. Que no digo nunca “jo, qué hambre”. Que para mí comer es sólo uno de los suplicios del día, una obligación, un deber para conmigo.
Pero en verano ya es un horror. No me apetece nada, no me entra nada, no quiero nada. Ni oír hablar del tema, oyes. Que con un poco de ensalada, una fruta o una magdalena creo haber cumplido mi parte del trato. Y me cuesta auténticos esfuerzos nutrirme de lo más esencial. De pequeña que no era consciente de eso de que hay que comer para vivir me pasaba los días con un par de espárragos con mayonesa o unas pocas fresas o un vaso de leche sin galletas (aquellos tiempos de tolerancia a los lácteos…).
Puede ser por eso que aunque coma todos los helados que me apetecen, adelgazo en cuanto llega el calor. Estoy últimamente que da asco ver tanto hueso amontonado.

En fin, a modo de meme, espero vuestras respuestas con lo bueno o lo malo del verano, porque que conste que a pesar de estas cosillas, me encanta el mes de julio y su aplastante sensación de ir a morir deshidratado.

jueves 2 de julio de 2009

todo va bien... y capítulo dos, conversación a tres: Mari Luz, Loli y Mariano

Hace tanto calor que me pongo a ratos el aire acondicionado y eso que lo odio. Tanto, que hasta los vestidos más fresquitos me asan. Tanto, que mis pobres ratitas duermen espachurrados y despatarrados con un especto un poco extraño.
El verano ha llegado y se ha instalado. Y para colmo me ha puesto moreno el brazo izquierdo en plan camionero total. Es lo que tiene pasarse todo el día al volante.
Por lo demás, lo del piso que encontramos parece que va adelante, mi suegro mejora y en breve le darán el alta, la boda de hermanachica se acerca y yo sigo sin zapatos.
Pero da igual. Hoy no sé porqué, pero me da igual todo. Os dejo con el capítulo dos o algo parecido... un poco más sobre mari Luz. A ver qué os parece.




- ¡¡¡¡Loliiiiiiiiiii!!!!

¿Quién me llama a mí ahora? Madre mía, es automático, meterme en el servicio y que me llamen.

- ¡¡¡¡Loliiiiiiii!!!
- Ya va. Ay, madre.

Me seco las manos y salgo hacia el salón. Mi marido está sentado leyendo el periódico en su sofá orejero, como si nada, las cosas parece que nunca van con él.

- Es tu amiga la desdentada. – me dice sin levantar la vista.
- Pues podías a ver salido a decirle algo, la pobre Mari Luz dando voces en la calle…
- ¿Yo? Psssssss. – y levanta un poco el bigote.

- Loliiiiiiii…

- Ay, Dios mío, ya vaaaaaaaaaa – digo mientras me asomo al balcón

- Loliiiiiii – vuelve a decir con voz chillona desde la puerta de su bar.

- Dime.

Mira hacia mi piso con la mano como visera para protegerse del sol. Tiene la cara más colorada de lo normal. Lleva un chándal rosa y verde, está en zapatillas de casa y despeinada. Qué pintas que me lleva, madre.

- Ay, Loli, ¿hoy no vas a bajar a tomar un café?
- No, está aquí Mariano y estoy haciendo cosas en la casa… ¿por?
- ¿Seguro? Ay, Loli, ay… - solloza.
- Pero qué te pasa, mujer.
- Ay, Loli, ay… - se echa a llorar – que ha venido Ramoncito con una herida muy grande.
- ¿Qué dices? ¿Quién… quien es Ramoncito?
- Ramoncito, mi gato blanco que le falta media oreja.

- Esos puñeteros gatos asquerosos que tiene. A ver si alguien coge un saco y se los lleva todos al monte y los tira por ahí.

- Cállate, Mariano, por favor. – le digo por lo bajo. - ¿Y qué quieres que haga yo?

- Tú eres enfermera, ¿no?
- Bueno, lo era hasta que me jubilé – sonrío – pero curaba personas, Luz, no gatos.
- Ay, Loli, ay… ay, madre, si sólo quiero que le mires que yo no sé qué hacer.

- Que lo tire por ahí a ver si se muere… que tiene la calle llena de gatos y van a terminar viniendo cucarachas y bichos de la porquería que acumula en la puerta del bar.

- Que te calles, Mariano, por Dios.

- Ay, Loli, por favor, que yo no sé qué hacer. Tú sabrás al menos si hay que dar puntos. Es una herida así, en el costado, como si se hubiera rajado con un alambre o algo… - se señala las costillas.
- Pero, Luz hija, qué voy a hacerle yo a un gato…
- Por favor, Loli, sólo míramelo que me quede más tranquila. Y además acabo de hacer pisto, te doy un plato, que a tu marido le gusta tanto.

- Es una guarra, pero hace un pisto de escándalo, eso es cierto.

- Mariano, por favor, ¿no estabas leyendo?

- Loli, baja, por favor. Te doy pisto y tortilla. Te apaño la comida de hoy.

- Baja, anda, me apetece mucho pisto. Y dale un golpe al gato que lo dejes seco.

- Ay, Mariano, me pones negra. Calla de una vez. – me paso la mano por la cara y pienso un momento. – Vale, Mari Luz, ahora mismo bajo. Creo que tengo un poco de anestesia de dentista o alguna ampolla de nolotil o algo… y veo a ver qué puedo hacer.

Sonríe como si le acabase de salvar la vida. Esta mujer es así de sencilla. La pobre, le digo que voy a mirar a su gato callejero y se pone tan contenta.
Vamos a ver qué tengo. Necesito unos guantes. Vete a saber lo que tendrá el animal ese. Y puntos dice. Si no tengo aguja de sutura. Hilo sí, creo que había por aquí… y cogeré una aguja normal de coser, la desinfecto con alcohol y marchando. Si tendrá el pobre gato hasta la tiña. Esta mujer, con su manía de recoger cada animal que se acerca por aquí. Mira, una jeringuilla esterilizada. Qué bien. Y la anestesia de dentista, que todo será que me lleve encima un mordisco y varios arañazos. Por lo menos lo calmo un poco. Dios mío, en qué líos me meto.

- Loliiiiiiii
- Ay, Señor, esta mujer… ¡¡¡voooooooooy!!!

Corro otra vez hacia el balcón.

- Dime.
- Dile a Mariano si además del pisto y la tortilla quiere unos boquerones en vinagre que hice anoche. Que yo sé que tu marido me aprecia mucho y al pobre lo estaré incordiando hoy.

- Pssssssssss, aprecio más su pisto que otra cosa…
- Mariano, me estás enfadando hoy ya, te lo advierto.
- Dile que sí, que me ponga boquerones. Y si tiene conejo al ajillo, que me ponga una ración. La tía desdentada cocina que es una barbaridad, oyes.

- Tú tranquila Luz, ahora mismo bajo, ya lo tengo casi todo. No te preocupes por el resto.

Creo que lo llevo todo. A ver qué puedo hacer yo por un gato. Que el único animal que he tenido ha sido un periquito. Bueno, por lo menos la tranquilizo y si veo que no puedo hacer nada, la mando al veterinario y punto. Si seguro que no es para tanto, que esta mujer se ahoga en vaso de agua. Y con sus gatos más. Lo mismo es un rasguño que con un poco de betadine queda solucionado.

- Mariano, bajo a donde Luz. A ver qué le pasa al gato.
- Mata al gato y que me lo prepare al ajillo. – y suelta una risilla debajo del bigote sin levantar los ojos del periódico.
- Bueno, que sí. Que no creo que tarde.
- Vaya amigas te buscas. Desdentada, guarra, con un bar ruinoso, que recoge gatos pestosos y que encima tienes tú que curarles. Anda que…
- Vaya día me estás dando, hijo mío.

Mira, cojo la puerta y me voy, que este hombre cuando se pone cansino no hay quien le aguante. Y no sé que manía le ha entrado con la pobre Mari Luz.

- ¡Que no se te olvide el pisto!

Le oigo a través de la puerta ya cerrada. Anda que…

lunes 29 de junio de 2009

harta

Joder, soy tan desgraciada que ni esto me podía salir bien. Ni un puñetero fin de semana con mi gente y al sur. Ni eso me merezco. Y no me digáis que sí, porque la vida me demuestra día a día que no. Que no me merezco que me pase nada bueno.
Y estoy harta. Harta, harta, harta. Nadie sabe cómo de harta.
No voy a entrar en detalles porque me aburro de darle vueltas a las cosas. Pero quizás cambie el rumbo de mi vida.
Mientras tanto, me quedo refugiada en las palabras, en la poesía, en mis libros, en mis cuentos-caca y en esas cosas que me hacen ser el retazo de persona que soy.






Quisiera amarte sin mordiscos
Y besarte con los dedos
Darte aliento a manos llenas
Ser la oscuridad de tus sueños
Colarme en tus oídos sin hacer ruido.

Quisiera hablar sin herirte
Abrirme el corazón sin dolor
Respirar sin que me entre aire
Latir sin estimular sangre
Llorar sin que me tengas pena.

Quisiera huir sin dejar huella
Desaparecer sin humo ni ceniza
Volar sin alas ni plumas
Caminar sin pies ni zapatos
Llegarte sin palabras ni suspiros.

Quisiera elegir para no ser yo de nuevo
Volver para equivocarme en otras cosas
Empezar para saber dónde no tropezar
Regresar para no hacerme heridas
Nacer otra vez para no aprender a llorar.

Quisiera tener otra vida para no encontrarte
Para no preguntarme si el amor
Pasó de largo por mi puerta
Mientras yo deseaba ser otra
Y vivir otra vida para encontrarlo.

viernes 26 de junio de 2009

a la playa de subidón

Le había dado un par de vueltas a cómo contar esto, porque la verdad es que, como es costumbre en mí, tengo unos cuantos sentimientos encontrados.

Pero hoy me han alegrado el día con un piropo. Qué tontería más grande, oyes.
Pero es que hacía mucho tiempo que nadie me decía nada. Ni el loco, que andamos tan ocupados y cansados que creo que ni se ha dado cuenta de que me han salido un par de pelos en un sobaco. Y por la calle, creo que hacía años. Desde aquél cubano que me dijo que tenía los ojos más bonitos que las playas de su país y a mí me salieron colores tipo Heidi.
Pero hoy, hoy que iba con mis pantalones cotrosos, una camiseta vieja que me hace arrugas porque no me entran las tetas y el pelo en un moño estropajoso, hoy que sólo bajaba a comprar lejía para limpiar el wáter (poco poético el asunto), hoy que iba con la cara medio lavada y que me faltan cinco kilos para acercarme a un peso razonable, un adolescente me ha dicho un piropo. Y yo, que siempre he estado en contra de que se digan cosas por la calle porque es algo sexista y absurdo, que siempre he ignorado a obreros que te escupen barbaridades desde los andamios, he tenido que sonreír. No lo he podido evitar. Había tres chavales, que no tenían veinte años ninguno, con un perro. Y va uno y me dice que no sabía que las flores andaran. Y voy yo, como una boba y sonrío. Hala, a tomar vientos mis rollos feministas. Y he andado más erguida el resto del día. Hecha una harapienta, con mi lejía y mi cansancio, mi tobillo torcido y mis mil cosas que hacer en la cabeza, pero un poco más contenta. A mis veintiséis, contenta por el piropo de un crío. Cada día soy más tonta, de verdad.
El caso, mañana nos vamos el loco y yo a Málaga, más al sur de mi sur a celebrar que hermanachica se casa. Y no es una despedida de soltera porque vamos con los respectivos y no habrá diademas con penes, ni tíos en pelotas (a no ser que el loco tome más copas de la cuenta y le dé por hacer de las suyas), ni cosas de esas típicas. Sólo cuatro parejas de amigos en la playa. Faltará hermanaguapa y su marido porque tienen otra boda, pero nos juntamos las demás a hacer cosas de esas que hacíamos de pequeñas. A reírnos y contar tonterías, a bañarnos, a comer chuches y a estar juntas.
Y es una paliza, lo sé, a kilómetros, a dormir poco y a añadir más cansancio al cansancio acumulado. Pero psicológicamente lo necesito. Me va a venir bien desconectar, ir a otro sitio, con otra gente y estar con mis hermanas que son mi fuerza y mi ánimo cuando todo me flaquea. Y me apetece mucho, jolines. Que parece que no me merezco un capricho.
Además como mi suegro está mucho mejor porque es todo un luchador, puedo irme con menos remordimiento de conciencia. Puedo irme a fumar cigarritos en la terraza, a dormir todos apelotonados, a tomar nesteas fresquitos en la playa, a salir un poco por la noche y a meternos todas juntas en el baño del bar como antaño. Puedo disfrutar de un par de días aunque sea.
Va a ser genial, nos encargaremos de ello, somos expertas en darlo todo las unas por las otras. Y pisotearé mis sentimientos de tristeza, de cansancio, de soledad, de falta de comprensión. Todo eso negativo que me ataca a veces. Todas esas crisis de ansiedad que frustro cada día con un “no, tía, no es el momento”. Todas las lágrimas que me trago porque no hay hombro para llorarlas. Todos los momentos de debilidad que me como con patatas mientras me digo que yo no me rindo nunca y soy una valiente para ver si me convenzo.
Todo quedará aquí porque yo me voy a la playa con mis hermanas.
Y porque un adolescente me ha subido la autoestima.
Y porque nunca sabes cuando alguien te va a alegrar el día.
Y porque la vida está llena de pequeñas cosas. Sólo hay que verlas.

Os contaré a la vuelta y me pondré al día con vuestros blogs. Palabra.

viernes 19 de junio de 2009

Mari Luz... posible capítulo 1...

A veces veo a Mari Luz barrer la puerta de su bar por la mañana. Canturrea, entre otras cosas porque ya lleva un par de carajillos y dentro de poco, le quitará la chapa al primer botellín del día.
Lleva el pelo estropajoso y desteñido de un rubio dudoso recogido en una coleta y le faltan la mitad de los dientes, pero no parece importarle. Ella barre, tan contenta, canturreando. Tampoco parece afectarle que sus pantalones de chándal tengan un par de manchas y que no peguen ni con cola con la camisa de rayas que se ha agenciado. Para colmo lleva unas chanchas con calcetines, ahora que ha salido un poco más se los veo.
Pero ella sigue a lo suyo, barre que te barre la puerta de su bar, que debe estar vacío.

- ¡¡¡Cristi, guapa!!! – dice de pronto con voz chillona - ¿ya vienes a desayunar? Ay, sinvergüenza… ¡donde habrás estado esta noche que vienes tan cochina!

Miro, pero no hay nadie. Sólo se le está acercando un gato. Uno de los muchos a los que da de comer. Les pone bandejas con pienso en la calle y latitas de paté de esas que venden en el súper.

- Ay, Cristi… - sigue diciéndole - ¿dónde has dejado a Ramoncito hoy? Lo mismo sigue por el descampado. Que es un bala perdida ese.

La gata se sienta y la mira. Imagino que Ramoncito será otro de sus gatos. Tiene tantos, que vete a saber. Puede ser el negro, o el blanco tan sucio, o el gris que sólo tiene una oreja. Oigo maullidos.

- Que ya voy, hija, que estoy barriendo ¿no ves? Además que si no lo pusierais todo perdido, no tendría que limpiar. Menudas formáis, que tiráis el plato que os pongo y luego todo el pienso por aquí tirado.

Más maullidos lastimeros.

- Ya voy, Cristi, ya voy.

Se mete en el bar, y sale con un botellín en la mano, un cigarro colgando de la boca y un plato de plástico con algo que no alcanzo a distinguir desde mi balcón.

- Toma. Que esto te gusta, ¿eh?

Se ríe y le pega un trago a la cerveza. Luego sonríe y se levanta su cara colorada y regordeta al sol. Entorna los ojillos pequeños y suspira tranquila. Da otra calada y parece tan feliz que casi me da envidia.

- Qué buen día, Cristi. Hoy hace un día buenísimo. No me digas que no.

jueves 18 de junio de 2009

repaso rápido... con lupa

El domingo por fin le hicieron el trasplante de corazón a mi suegro. Está siendo duro, difícil, lento. Pero va bien. Despacio, pero bien. Así que estamos contentos. Cansadas, un poco agobiados ya, pero contentos.
Como necesito imperiosamente sentir que camino y que mi vida sigue adelante, hemos estado mirando pisos para comprar. Es indignante, pero cuando cuesta lo mismo o menos una hipoteca que un alquiler, merece la pena comprarse un cuchitril y soñar que es tuyo. O que lo será algún día.
Lo cierto que es que hasta hoy, sólo habíamos encontrado agujeros infectos, pisos en ruinas y sitios distribuidos con los coj…
Y empezábamos a rendirnos. O yo al menos empezaba a pensar que nunca, nunca, nunca, llegaría una casa que nos convenciera ni un poco.
Pero no ha sido así. Hoy ha habido una que podría ser la nuestra. Un pisito que reúne todas las condiciones necesarias, que podría ser mi hogar. Aún no hay nada seguro, tenemos que hacer muchas consultas y muchos líos antes de dar ni el mínimo paso. Pero algo es algo. Que mi casa anda por ahí y sólo tengo que encontrarla. Como mi trabajo. Como mi cordura. Como mis ánimos. Será eso de que la verdad está ahí fuera.
Va a ser cosa de ir por ahí con una lupa gigante como los de los dibujos animados.




(Imagen de Google, of course)

Ahhhhhhhhhhhhhhh......

por cierto, compis de la habitación de al lado, publiqué una historia de las mías... que llevaba tiempo sin actualizar el saloncito anexo.